Confidencial Política, Congreso, CDMX, Estados y poder público
jueves 18 de junio de 2026
Quiénes somos Nosotros Directorio Contacto
Anúnciate aquí en México Confidencial, banner bajo menú 728x90
Cultura

El monstruo primordial del que nació la Tierra.

junio 18, 2026·admin

Por Bruno Cortés

Antes del tiempo hubo un cuerpo.

No la Tierra firme, no el cielo levantado, no los caminos por donde pasarían los hombres, sino una presencia oscura, húmeda, anterior al orden. Los antiguos relatos nahuas y mexicas hablaron de Cipactli, criatura inmensa, abierta al agua y al abismo, mitad monstruo y mitad origen. No era todavía el mundo, pero en ella dormía la posibilidad del mundo.

En algunas versiones de la creación, Quetzalcóatl y Tezcatlipoca miraron aquel cuerpo primordial y comprendieron que el universo no podía nacer de la quietud. Para que hubiera cielo, tierra, rumbos y tiempo, era necesario transformar la materia informe. La creación fue, entonces, una herida sagrada: no una victoria simple sobre una bestia, sino el acto terrible de ordenar lo vivo.

Cipactli no fue sólo derrotada. Fue abierta, dividida, convertida en espacio. De su cuerpo surgió la Tierra; de su extensión, los lugares; de su desmembramiento, la arquitectura del cosmos. Allí donde antes había una criatura total, sin forma para los hombres, aparecieron los cuatro rumbos, el arriba y el abajo, el día y la noche, el tránsito del sol y la memoria de las edades.

Por eso el mito no debe leerse como una fábula de monstruos, sino como una meditación sobre el origen. Para los pueblos nahuas, el mundo no nació puro ni pacífico. Nació de una violencia fundadora, de un sacrificio que convirtió el caos en morada. La Tierra no era una cosa inerte: era un cuerpo vivo, poderoso, hambriento, capaz de dar frutos y exigir ofrendas.

En ese punto, Cipactli se acerca a Tlaltecuhtli, la entidad terrestre primordial con la que a veces se asocia o se confunde en los relatos. Ambas figuras recuerdan que la Tierra no era sólo suelo bajo los pies, sino presencia sagrada. Un ser al que se habitaba, pero también al que se debía respeto. Caminar sobre ella era caminar sobre un cuerpo.

Quetzalcóatl y Tezcatlipoca aparecen así como dioses creadores, pero también como mediadores entre el abismo y la forma. No fabrican el mundo desde la nada: lo arrancan de una materia anterior, lo ordenan, lo tensan, lo separan. Crear es dividir. Nombrar es limitar. Levantar el cielo es, al mismo tiempo, imponer una frontera al misterio.

El mito conserva una intuición poderosa: la humanidad vive sobre una antigua herida. Las montañas, los ríos y los campos no son adornos del paisaje, sino restos de una transformación cósmica. La Tierra que alimenta también reclama; la Tierra que sostiene también recuerda. Bajo cada piedra tarde la memoria de Cipactli.

Así, el monstruo primordial no desaparece. Permanece debajo del mundo, convertido en mundo. Ya no se muestra como criatura marina ni como grifos abiertos, sino como territorio, como horizonte, como barro fértil. La creación no la extinguió: la volvió visible de otra manera.

En los relatos nahuas y mexicas, el origen no es un amanecer inocente. Es una tensión entre destrucción y nacimiento, entre sacrificio y orden. De Cipactli nació la Tierra, pero también una forma de entender la existencia: todo lo vivo procede de una ruptura, y todo orden conserva, en secreto, la sombra del caos.

Lectura confidencial

Qué se sabe
Los hechos públicos, declaraciones, documentos o decisiones centrales del caso.
Qué no se está diciendo
Los silencios, omisiones o ángulos pendientes que ayudan a entender el fondo político.
A quién beneficia
Los actores políticos, económicos o institucionales que podrían obtener ventaja.
Qué grupo político gana
La correlación de fuerzas detrás del episodio y sus posibles efectos.
Qué viene después
Los escenarios inmediatos que deben observarse.